Juanjo Seoane


Casa con dos puertas mala es de guardar
Pedro Calderón de la Barca

De como surgió esta casa...

Había iniciado una etapa de colaboración con Adolfo Marsillach. De ella surgió una estupenda versión de “Las mujeres sabias” de Molière. Después “Quién teme a Virginia Wolf” de Albee; en la que además interpretó y dirigió el montaje.

Ya estrenada “la Virginia”, hablé con Adolfo de mi interés por montar una comedia de nuestros clásicos del Siglo de Oro y que fuera suya la adaptación. Le parecieron atractivas las bases sobre las que planteaba la producción y me pidió, lógicamente, qué título tenía en la cabeza.

Lo cierto es que estaba dándole vueltas a un par de comedias tanto de Calderón como de Lope sin llegar a decidirme. Y le pedí su consejo. Opinó que las obras eran todas estupendas, y que él no tenía inconveniente en atreverse con cualquiera de ellas… Con lo que me forzó a elegir una.

Acercándonos al centenario del nacimiento de Calderón consideré más atractivo decidirme por una comedia de este autor, y estrenarla a lo largo del año 2000. Y le di el título a Adolfo.

Días después, Adolfo me plantea que la obra le parece tan atractiva como la que más, pero que él tiene una especia de cuenta pendiente con una comedia de Calderón. Durante sus años en la Compañía Nacional de Teatro Clásico, siempre había tenido una perspectiva el montaje de “Casa con dos puertas mala es de guardar” pero que por unas u otras circunstancias nunca salió adelante…

Así fue como Adolfo se encerró en esta “Casa con dos puertas…” durante el tiempo que representando “Quien teme a Virginia Wolf” en Barcelona. Y terminó la adaptación (siempre dijo adaptación y no versión).

El proyecto siguió adelante. Adolfo empezó a tener reuniones de trabajo con el director y el escenógrafo. Todo parecía ir por buen camino hasta que se empezó a torcer: problemas de reparto, saturación de “calderones”, líneas productivas… El caso es que decidimos aparcar el proyecto para dentro de una o dos temporadas.

Y aquí está. Entre medio, lo principal, es que Adolfo ya no está. Pero él nos ha dejado muchas cosas para la reciente historia de nuestro teatro. Entre ellas esta hermosa adaptación de la deliciosa comedia de Pedro Calderón de la Barca. Un trabajo modélico sobre como acercarse a los clásicos, con la delicadeza y sabiduría del orfebre en estos menesteres. Cortó, hilvanó y pulió sin que se resistiese lo más mínimo el espíritu calderoniano, buscando que el texto y la trama llegasen con claridad al público de hoy. Un público al que siempre quiso transmitir su amor a los clásicos y esa sana alegría que es divertirse con esta comedias de enredo.

Siempre. Y gracias, Adolfo.

Juanjo Seoane

Reparto


Casa con dos puertas mala es de ...
Dirección: Adolfo Marsillach

Marcela
Marisa Segovia


Silvia
María Felices


Lisardo
Juan Carlos Naya


Calabazas
Manuel de Aguilar


Don Félix
Alfredo Alba


Herrera
Isidro García


Celia
Yolanda Diego


Fabio
Antonio Mayans


Laura
María José Goyanes


Lelio
Jorge Seoane


             
     
             

AUTOR
Pedro Calderón de la Barca

Dramaturgo y poeta español, es la última figura importante del siglo de oro de la literatura española. Nació en Madrid el 17 de enero de 1600. Se educó con los jesuitas en Madrid, y continuó los estudios en las universidades de Alcalá y Salamanca hasta 1620. Fue soldado en la juventud y sacerdote en la vejez, lo que era bastante habitual en la España de su tiempo. En sus años jóvenes su nombre aparece envuelto en varios incidentes violentos, como una acusación de homicidio y la violación de la clausura de un convento de monjas. De su vida militar existen pocas noticias, aunque consta que tomó parte en la campaña para sofocar la rebelión de Catalunya contra la Corona (1640). Contrasta lo impulsivo y mundano de su juventud con lo reflexivo de su madurez, un aspecto que se acentúa al ordenarse sacerdote en 1651. Disfrutó del máximo prestigio en la brillante corte de Felipe IV y su nombre va asociado a la inauguración del palacio del Buen Retiro de Madrid, en 1635, y a numerosas representaciones teatrales palaciegas. El rey le honró otorgándole el hábito de Santiago. También fue capellán de la catedral de Toledo y capellán del rey. Murió en Madrid el 25 de mayo de 1681. En vida fue un autor respetado por todos y rara vez aparece mezclado en las violentas polémicas literarias de sus compañeros de letras. Después de la muerte de Lope de Vega, en 1635, fue reconocido como el dramaturgo más importante de su época.

En 1623, año en el que Velázquez es nombrado por el rey Felipe IV pintor de cámara, se representó la primera comedia conocida de Calderón de la Barca: Amor, honor y poder, donde ya desarrolla el problema del honor. No de una forma desgarrada y violenta, como ocurrirá con sus dramas, sino a través de un claroscuro de apariencia y realidad. La dama duende, escrita en 1629, es una de las comedias más famosas de Calderón. Su movimiento de escena y de personajes que parece adivinar el escenario giratorio, la gracia de las soluciones y actitudes, el encanto que preside toda la intriga, la oscilación entre realidad y ficción, hacen de ella una obra llena de aciertos escénicos y cuya representación tiene hoy día un éxito seguro y constante. Casa con dos puertas, mala es de guardar (1632) desarrolla un asunto parecido al de La dama duende, que tanto éxito había tenido. En No hay burlas con el amor (1637), demuestra que un criado con ser criado padece y sufre las mismas pasiones que un noble, y plantea, como en las anteriores, el problema de la educación de la mujer. Para Calderón la educación de la mujer debe atenerse sólo a lo relativo a las cuestiones domésticas, pues si se dedica a cuestiones intelectuales, se ridiculiza. Una tesis a la que el propio dramaturgo se opondrá en otra comedia suya, ¿Cuál es la mayor perfección? (1663). A estas obras de Calderón se las suele incluir en la categoría de comedias "de capa y espada". Esto es, obras de enredo y de costumbres en las que el amor, el honor y los celos rigen las situaciones, casi siempre equívocas, y las reacciones de los personajes (el galán, la dama, el gracioso, los amigos, los rivales), y tienen un final feliz.

Sus dramas se dividen en dramas religiosos, trágicos o de honor, y filosóficos. Entre los primeros destacan El príncipe constante (1629) y El mágico prodigioso (1637), que tanto entusiasmaron a los románticos alemanes. Los dramas llamados trágicos o de honor se atienen a la estructura de las comedias en lo que se refiere a la intriga amorosa, aunque el complejo concepto del honor (ultrajado primero y reparado después) desempeña un papel más importante e implica un desenlace trágico y sangriento. El médico de su honra (1635) es uno de los más característicos. Pero el mejor de los dramas trágicos de Calderón es El alcalde de Zalamea (1640), donde un capitán rapta y fuerza a la hija de un rico labrador que acaba de ser nombrado alcalde del pueblo. Éste hace detener al capitán y, como se niega a reparar su ofensa con el matrimonio, lo hace ajusticiar. Un general ocupa el pueblo de Zalamea con sus soldados y mantiene una dura controversia con el alcalde, no porque considere que el capitán no merecía el castigo, sino porque correspondía a él —el poder militar— aplicarlo. Finalmente el propio rey aprueba la acción del alcalde.

El más conocido de los dramas filosóficos de Calderón es La vida es sueño (1636), una de las obras de la literatura española de valor universal. Su complejidad, como ocurre con tantas obras maestras, ha dado lugar a infinidad de interpretaciones. La idea central del drama contaba con una historia larga, variada e ilustre, pero Calderón la revive con otros temas como la lucha de la libertad contra el destino y la trascendencia simbólica; y con unos personajes que llegan a representar a toda la condición humana. Su densidad filosófica y simbólica, sus soluciones teológicas, su sentido moral, jurídico y político, hacen que sea la obra más comentada de la literatura española, a excepción de El Quijote, de Cervantes.

En los autos sacramentales, Calderón dramatiza conceptos abstractos de la teología católica convirtiéndolos en personajes, por lo que al público le resultan reales. Aparecen en escena Dios, la Discreción, la Hermosura y otros entes abstractos. Escribió unos ochenta, y los más conocidos son El gran teatro del mundo (1636) y el Auto de la vida es sueño (1670).

SGoethe consideraba a Calderón el gran genio del teatro. Schlegel llegó a afirmar que Calderón había resuelto el enigma del universo en algunos de sus dramas. También algunos románticos ingleses, como Shelley, vieron en Calderón al poeta dramático y lírico más grande. Calderón es el dramaturgo por excelencia del barroco español. El sentido teológico y metafísico de su tiempo informa todas sus obras, donde aúna la fe y la razón, y, sin embargo, su debate entre deseos y terrores que el verbo intenta vanamente comprender remite al presente.


Director
Adolfo Marsillach


Nació en Barcelona y estudió Derecho en su Universidad.

Trabajo en el mundo del espectáculo desde los diecisiete años. En todo este tiempo se interesó por múltiples manifestaciones artísticas: actor, director de teatro y de cine, autor teatral y articulista. Sin olvidar su trabajo en la Radio y la televisión.

Entre sus interpretaciones cabe destacar “Hamlet”, “Pigmalión” y “Después de la caída”. En el cine, “Ramón y Cajal”, “Maribel y la extraña familia”, “Al servicio de la mujer española”, “Sesión continua”, nominada al “Óscar” de 1985 cp, p mejor película extranjera, “Esquilache”, por la que obtuvo el premio Goya como mejor actor de reparto en 1990, “El largo invierno” y “La seducción del caos”.

De su extenso trabajo como director de teatro se pueden seleccionar sus montajes de “Marat-Sade”; “Águila de Blasón”, de Valle Inclán; “Sócrates”, sobre los Diálogos de Platón; “Tartufo”, de Molière; “Biografía”, de max FRISCO; “Canta gallo acorralado”, de O’Casey; “César y Cleopatra”, de Bernard Shaw; “El malentendido”, de Albert Camus; “Las arrecogías del Beaterio de Santa María Egipciaca”, de J. Martín Recuerda y “La Gran Vía”, de Chueca.

Su obra teatral “Yo me bajo en la próxima… ¿y usted?”, constituyo uno de los grandes éxitos teatrales de la escena española, representándose en toda España, así como en Portugal, México, Venezuela, Colombia, Perú, Argentina y Nueva Cork. El año 1995 volvió a estrenarse en una nueva versión.

Sus programas televisivos “Silencios… se rueda”, “Silencio… vivimos”, “Fernández Punto y coma”, “Habitación 508”, “Silencio… estrenamos” y “La señora García se confiesa”, se convirtieron en grandes éxitos y fueron un revulsivo para la sociedad española de su tiempo. En el año 1995 regresó a Televisión Española con el programa “Tren de cercanías”.

Director del Teatro Español de Madrid y fundador del Centro Dramático Nacional en 1978, y creador de la Compañía Nacional de Teatro Clásico en 1985.

Desde 1986 hasta 1989 estuvo al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, asumiendo la dirección escénica de los siguientes espectáculos: “El médico de su honra”, de Calderón; “Los locos de Valencia”, de Lope de Vega; “Antes que todo es mi dama”, de Calderón; “La Celestina”, de Fernando de Rojas; “El burlador de Sevilla”, de Tirso de Molina y “El vergonzoso en palacio”, de Tirso de Molina, último espectáculo que dirigió antes de ser nombrado Director General del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música del Ministerio de Cultura, cargo del que dimite en noviembre de 1990 para estrenar y dirigir su obra “Feliz Aniversario”.

A lo largo de su carrera artística recibió numerosos galardones, entre los que destacan: Premio de Interpretación en el Festival de Cine de San Sebastián, Premio Fotogramas de Interpretación Cinematográfica, Premio San José de Barcelona, Premio Maite de Teatro, Premio Ercilla, Premio Pablo Iglesias, Premio de la Asociación de Directores de Escena (A.D.E.), Premio del Círculo de Bellas Artes, Premio Nacional de Teatro, Premio de Teatro Hotel Meliá Parque de Valladolid al Mejor Autor Teatral de 1991 y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, máximo galardón que concede el Ministerio de Cultura, y que le fue otorgado en 1991.

En Enero de 1992 vuelve a dirigir la Compañía Nacional de Teatro Clásico, y estrena la obra de Cervantes “La gran sultana”, que se presentó en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, dentro de la programación especial de la Expo, y “Fuenteovejuna”, de Lope de Vega.

En 1993 dirige la ópera “Carmen”, estrenada en el Gran Teatro de Ginebra.

Sus últimos montajes en la Compañía Nacional de Teatro Clásico fueron: “Don Gil de las calzas verdes” de Tirso de Molina, “El médico de su honra” de Calderón y “El Misántropo” de Molière en 1996.

Publicó un libro titulado “Carta abierta a un amigo frecuentemente disgustado por los tiempos que nos ha tocado vivir”.

Obtuvo el Premio Espasa Humor en 1995 con su novela “Se vende ático”.

Inauguración del Teatro Nacional de Cataluña con el montaje, como director, de la obra de Santiago Rusiñol (“L’auca del señor Esteve” y estreno, en el Teatro de la Zarzuela, de “El chaleco blanco” y la nueva versión de “Gran Vía”.

Estuvo representando durante casi dos años consecutivos el espectáculo dirigido por él mismo, “Una noche con los clásicos”, acompañado por Amparo Ribelles y María Jesús Valdés.

Su última dirección escénica fuel el ballet “La Celestina” con música de Carmelo Bernaola para el Teatro Real de Madrid.

Recibió el “Premio Comillas” por su autobiografía “Tan lejos, tan cerca”.