Juanjo Seoane


El Abanico de Lady Windermere
Oscar Wilde

Dramaturgo y pooeta irlandés, nació en Dublín en 1854 y murió en París en 1900.

Su madre, escritora, poeta y una autoridad en folklore y mitos celtas, animaba también un salón literario en Dublín en el que el joven Wilde se familiarizó con el mundo de la ficción. Cuando llegó a Londres en 1878, consquistó los círculos sociales y literarios de la capital británica con su ingenio y extravagancia, convirtiéndose en objeto de caricaturas en la resvista "Puch" y en la ópera cómica "Patience", de Gilbert y Sullivan. En la capital británica Wilde llegó a ser un destacado representante del Movimiento Estético de finales del siglo XIX y defensor de la máxima "El Arte por el Arte", que resumela idea de que la belleza es un valor independiente de la moral.

En 1884 se casó con Costance Lloyd, con quien tuvo dos hijos. En 1888 inició una fértil etapa de producción literaria con la publicación de sus narraciones fantásticas "El príncipe feliz y otros cuentos" (1888) y, más tarde, con su novela "El retrato de Doryan Gray" (1891).

Su primera comedia, "El Abanico de Lady Windermere", se estrenó en 1892. En 1893 publicó - tras haberse prohibido su representación - "Salomé", escrita en francés "Un marido ideal" y "La importancia de llamarse Ernesto", se llevaron a escena en 1895, mientras el autor demandaba por difamación al marqués de Queenberry, padre de su íntimo amigo Lord Alfred Douglas, que le había acusado de homosexualidad. Fue arrestado, perdió el juicio y se le condenó a dos años de trabajos forzados (1895-1897).

Una vez libre, arruinado moral y materialmente, se trasladó a Francia, donde vivió el resto de su vida, con la excepción de algunas temporadas en Italia. La única producción literaria de esta época fue "La balada de la prisión Reading" (1898), una descripción de sus padecimientos carcelarios. También ha visto la luz una larga y amarga carta a Douglas, escrita durante su estancia en prisión, publicada parcialmente en 1905 y completa en 1962, bajo el título "De profundis".

El artista es un creador de cosas bellas. Revelar
el Arte ocultando el artista: éste es el principal
objeto del Arte.

 El crítico es el que puede traducir de distinto
modo, o con nuevos procedimientos, la impresión
que le dejaron las cosas bellas.

 La más elevada y la más baja de las formas de
crítica son una manera de autobiografía.

 Los que encuentran intenciones feas en cosas
bellas están corronpidos sin ser seductores. Y esto
es un defecto.

 Los que encuentran bellas intenciones en
cosas bellas son cultos. A éstos les queda la
esperanza.

 Los elegidos son los únicos para quienes las
cosas bellas significan simplemente belleza.

 Un libro nunca es moral o inmoral. Está bien
o mal escrito. Esto es todo.

Desde el punto de vista de la forma, el modelo
de todas las artes es la música. Desde el punto de
vista de la sensación, la profesión de actor.

 La diversidad de opiniones sobre una obra de
arte indica que esa obra es nueva, compleja y
vital. Cuando los críticos difieren, el artista está de
acuerdo consigo mismo.

 El Arte es completamente útil.

Oscar Wilde

Reparto


El Abanico de Lady Windermere
Dirección: J. C. Pérez de la Fuente

Oscar Wilde - James Duggan

Lacayo 1º - Ángel Sánchez

Lacayo 2º - Jorge Seoane

Lady Windermere - Carmen Conesa

Parker - Sergio de Frutos

Lord Darlington - Ramón Pons

Doncella - Ruth Andía

Duquesa de Berwick- Margot Cottens

Lord Windermere - Juan Gea

Lady Jedburgh - Maruchi Fresno

Duquesa de Crowden- Rosa Díaz

Lady Agatha - Elena Calvo

Cecil Graham - Francisco Olmo

Lady Plymdale - Pepa Ferrer

Lord Plymdale - Roberto Segura

James Hopper - Vicente Ayala

Lord Augusto Lorton - Emilio Alonso

Mistress Erlynne - Amparo Rivelles

Invitado 1º - Ángel Sánchez

Invitado 2º - Jorge Seoane

Lady Grason - Mercedes Ferrer

Woods - Ángel Sánchez

 

             
     
             

SINOPSIS

El aniversario de un escritor, su celebración, tiene siempre algo de fiesta de cumpleaños, y algo de velatorio, de esos momentos en los velatorios en que los amigos menos íntimos, y los parientes menos allegados, para quienes el dolor se dulcifica en nostalgia, suelen sacar a relucir entre discretas sonrisas, entre risas incluso, las ocurrencias, las virtudes, los logros, y, y hasta los tics peculiares del ausente. Algo de todo eso tiene este espectáculo que conmemora el estreno en Londres de "El Abanico de Lady Windermere", y que aquí alarga su título con un "La importancia de llamarse Wilde", para justificar las licencias que la adaptadora se ha permitido con el texto original estrenado en 1892.

Del primitivo abanico, bellísima pieza de museo, se conservan las delicadas varillas, y parte del encaje, que ha habido que reparar, con hilos tenues, con importantes retazos a veces, obtenidos de otras piezas del mismo artista, de sus artículos, de sus cuentos, de sus conferencias y hasta de sus cartas. Es un trabajo que sólo podía plantearse desde el respeto, y desde luego, desde el amor. Unicamente el amor por ese personaje brillante, atormentando y complejo que fue Oscar Wilde, jsutifican los pocos puntos que la encajera actual se ha permitido añadir para entramar el todo. Parecía justo que el propio Oscar pudiera contemplar, desde dentro y desde fuea del espectáculo, este ejercicio de restauración. Y ahí está, haciéndose un guiño, y mezclándose con los personajes de una fiesta, igual a tantas en las que él brillaba, por derecho propio. Espero que sonría, indulgente. Y a ser posible, complacido.

Ampara Rivelles da vida, con su exquisita sensibilidad, con su inteligencia de gran actriz, a esa mistress Erlynne, tan amada de Wilde bajo muchos nombres, en todas sus comedias. La compañía que la rodea, en la que destacan figuras señeras como Maruchi Fresno y Margot Cottens, es tan sólida como extensa y me sería imposible nombra uno por uno a todos.

Pero no puedo por menos de resaltar la feliz incorporación a la escena madrileña de Carmen Conesa, joven actriz llena de encanto y de talento, de sus dos galanes, Juan Gea - espléndido Windermere - y Ramón Pons - mundano, enamorado y complejo Darlington -, y agradecer el esfuerzo de James Duggan que, tras representar el personaje de Oscar Wilde en su propio idioma durante mucho tiempo, lo incorpora aquí en castellano, consiguiendo darle siempre ese difícil equilibrio de participación y distanciamiento que el juego requiere. Juan Carlos Pérez de la Fuente, un muy joven director de escena, se ha entregado con toda el alma a la difícil tarea de darle cuerpo al espectáculo conjuntando la labor de todos, desde el juego interpretativo, a los soberbios figurines de Artiñano, pasando por las sombras y luces de Fernando Arribas, sobre una importante escenografía de Alvaro Valencia, que ya había pedido sugerente y sugerida, y que él ha preferido realista y corpórea. Quizá así, le habría gustado más a Wilde, nunca se sabe. A Juanjo Seoane, que corre una vez más con el riesgo de un gran espectáculo, mi agradecimiento desde estas líneas y mis deseos de suerte. Y, como el mismo Wilde diría, el camino del arte, no se explica, se intenta. Bueno... lo hemos intentado.

Ana Diosdado



Director
Juan Carlos Pérez de la Fuente


Hace varios años, viendo la magnífica película de Lubitsch basada en El abanico de Lady Windermere pude constatar que su imagen fascinante no conseguía transmitir por sí misma las sutilezas que encierran las palabras en los textos de Wilde. La versión muda del genial cineaqsta conserva parte del argumento de El abanico de Lady Windermere y mantiene su enfoque crítico de una socidad "hipócrita y degradante". Sin embargo, no pudo verificar el viejo aforismo de que "una imagen vale más que mil palabras".

Con la humildad que nace de la veneración me he atrevido a dirigir uno de los títulos míticos de la alta comedia. He pretendido ser absolutamente fiel al espíritu de Wilde, sin caer en la tentación de convertir El abanico de Lady Windermere en una mera excusa para el lucimiento de la dirección. Las licencias que se aprecian en el montaje se justifican por la excesiva duración de la obra original y por los avances que el propio lenguaje teatral de nuestro timepo impone a este tipo de teatro.

La versión de Ana Diosdado aporta, por su parte, una visión aun más fidedigna de la obra al introducir al propio Wilde como personaje exterior que comenta su comedia. De esta manera, la vida y la obra del autor se funden en una simbiosis perfecta. Además incorpora así un distanciamiento crítico imprescindible para vencer las fronteras del paso del tiempo y potencia la ironía del texto, fuente permanente de placer intelectual para el espectador.

Recuperar la alta comedia en todo su esplendor no es una empresa fácil, debido a los elevados coste que exige a toda producción que aspire a presentar con decoro y elegancia el vestuario y la escenografía del género. Ello explica la ausencia de este tipo de espectáculos en nuestra cartelera. Solamente un soñador, loco por el teatro, sería capaz de apostar desde la empresa privada por un montaje tan espectacular. Tardará muchos años en repetirse una experiencia semejante. El productor Juanjo Seoane alcanza su plenitud con este proyecto que reúne un equipo artístico y técnico de unas características irrepetibles.

Una vez más, al frente de un prestigioso reparto de primeras figuras del teatro, se alza Amparo Rivelles, la gran dama de la alta comedia española. Ella es la elegancia, la ironía, la naturalidad, la inteligencia y la generosidad como mujer y como actriz. A estas cualidades debemos sumar su condición de estrella, que le permite brillar con luz propia en la creación del personaje de Mrs. Erlynne, que sin duda calificaremos de genial.

Junto a Amparo Rivelles, dos excepcionales actrices de siempre, Margot Cottens y Maruchi Fresno, que componen unos personajes inolvidables. como inolvidables son también las interpretaciones de Carmen Conesa, Juan Gea y Ramón Pons. Les acompañan James Duggan, Emilio Alonso y Francisco Olmo, insuperables en sus respectivos personajes. Todos los citados y el resto de actores y actrices que figuran en el programa componen un reparto de lujo. Un reparto de excelente profesionales con los que el trabajo de dirección ha sido tarea grata y reconfortante.

La alta comedia exige además la presencia de un equipo artístico y técnico que pueda hacer realidad una escenografía grandiosa, un vestuario espectacular y una iluminación mágica. Alvaro Valencia, Javier Artiñano y Fernando Arribas han hecho posible este sueño.

¡Ojalá dentro de muchos años podamos decir que con El abanico de Lady Windermere se inició un nuevo estilo de hacer teatro!

Juan Carlos Pérez de la Fuente